Has pensado....

: : : ―Deberías ver los ojos de Axel ―contesté dándole la espalda mientras caminaba hacia la ventana que (no fue ninguna sorpresa) estaba cubierta por tablas.
«Incluso tú llorarías al ver esos ojos.» : : :

jueves, 22 de diciembre de 2011

Reflexión (primera parte)

¿Qué significan para aquellas enseñanzas que se impartieron hace miles de años por cierto personaje, príncipe hindú que quiso eliminar el sufrimiento del ser humano?
La práctica budista —ya sea desde los laicos o con los religiosos comprometidos a ésta— se centra fundamentalmente en ciertos principios éticos que se resumen en cinco puntos, cuya característica principal es que son guías o caminos a seguir y no imposiciones (una de las diferencias, entre muchas otras, con las religiones occidentales).
Estos puntos son:
1.      Respetar la vida (incluye TODO tipo de vida)
2.      No tomar lo que no me es dado
3.     Mantener una conducta sexual correcta (punto delicado y controversial desde el momento en que nos preguntamos ¿qué entendemos por correcto? En relación a este precepto, la práctica budista prohíbe a sus monjes cualquier conducta sexual, por lo tanto solamente nos resulta aplicable a los laicos —esto, al menos, de manera muy genérica—. En cuanto a la conducta sexual correcta, se ha dicho que se entiende por incorrectas aquellas relaciones que causan dolor o sufrimiento a uno mismo o a otra persona directamente involucrada en dicha relación. De ahí en fuera entendemos que cualquier relación que esté distante a causar algún daño a sus intervinientes, resulta una conducta sexual correcta).
4.      No hablar de manera dañina (referente a las mentiras, injurias, calumnias y demás conversaciones simplemente banales o inservibles para la persona y su espiritualidad).
5.      No tomar intoxicantes. Existen varias posturas, atendiendo a las numerosas escuelas budistas que existen, en cuanto a cuáles son las sustancias intoxicantes. Algunos refieren que son aquellas que alteren el funcionamiento normal del organismo (drogas, nicotina e incluso el café); sin embargo, otras escuelas argumentan que son aquellas que no se encuentran autorizadas expresamente por regulaciones públicas y que además de una alteración producen daños irreparables al organismo (un claro ejemplo serían las drogas que son ilícitas). Sin embargo todas estas variantes arriban a un punto de convergencia: el uso de cualquier droga, en exceso, atenta contra este principio.
Éstos son los cinco principios éticos que contempla la práctica budista; aunque, además de cumplirlos a cabalidad, considero que la obligación de cualquier seguidor de esta filosofía —me refiero a los laicos— va más allá de estas cuestiones y se traduce en la necesidad de encontrar un punto medio, un equilibrio en los actos que realizamos cotidianamente.
Resulta bastante difícil, por ejemplo, no hablar de manera dañina puesto que en nuestro diario existir convivimos con otras personas e irremediablemente hablamos pestes de quienes nos rodean (especialmente en la cultura occidental donde estamos tan inmersos en nuestros asuntos y nuestro trabajo que simplemente nos olvidamos de los demás).
Encontrar un punto medio, entonces, resulta lo más cercano a una correcta aplicación de la filosofía budista a nuestra existencia. Todo se resume en ello: debemos mantener un punto medio para encontrar un balance natural de las cosas.
[...]

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