Has pensado....

: : : ―Deberías ver los ojos de Axel ―contesté dándole la espalda mientras caminaba hacia la ventana que (no fue ninguna sorpresa) estaba cubierta por tablas.
«Incluso tú llorarías al ver esos ojos.» : : :

sábado, 23 de abril de 2011

Oscuridad



Sus manos acariciaban la piel del joven.


Recorrían su cuerpo como si dibujaran su mismísima alma sobre un lienzo blanco y puro dispuesto a recibir la fresca pintura mediante la suavidad de las caricias de un fino pincel.


Se relajó completamente y deseaba cerrar sus ojos pero no quería perderse la maravillosa escena que se exponía sobre él: el cielo nocturno, con las estrellas repletas de luz que centellaban a una distancia descomunal pero que, sin embargo, sentía que podía alzar su mano y tomarlas, como granos de azúcar, o la arena del mar.


Pensó en la arena. La delicada y áspera arena que acariciaba sus pies mientras caminaba a media noche en alguna playa lejana y olvidada. Virgen, aún.


Quiso cerrar sus ojos, pues el placer iba en aumento y sabía que en algún momento debería ceder ante esa insistente presencia y terminar privándose de la maravilla que se extendía en forma de un velo oscuro e impenetrable que cubría el mundo.


Vio sus músculos iluminarse con la delicada luz de la noche, de la ciudad o de la luna, no lo supo, pero apreció el cuerpo de su acompañante de una manera singular y especial. Lo apreció con el hermoso soplo de la noche, lo contempló con la maravillosa tranquilidad de las horas nocturnas.


No despegó su vista de ese pecho que se mostraba frente a él, porque el aliento del viento lo envolvía de esa manera mágica y mística como sólo él sabe hacerlo.


Sintió, además de las delicadas pero persistentes caricias que su compañero le ofrecía para saciar la sed física que tenía de él, ese delicado susurro del viento de la noche. La frescura de las alas de todos los ángeles que bajaron en ese momento para envolver a sus amantes favoritos en un espacio de tranquilidad y seguridad. Sintió las caricias de sus alas, el aliento de sus palabras y la suavidad de todas esas manos. Los ángeles bajaron en ese momento para protegerlos… mientras los dos jóvenes se entregaban completamente a la majestuosidad de la noche, como dos almas que son exigidas y reclamadas en sacrificio.


Sacrificio. ¿Sacrificio a quién?


A todos los dioses que el hombre ha inventado, y a los que no requieren de la voluntad humana para existir. A todos los seres que comparten este mundo con nosotros. Un sacrificio al amor. Al Eros de nuestros días, al Cupido de los siglos pasados. No importaba a quien…


A pesar de que en ese lugar había ángeles, dioses y demonios, los dos chicos disfrutaron de su mutua compañía sin poner atención a lo que los rodeaba.


Deseó cerrar sus ojos y disfrutar completamente las caricias de las manos de su amante… pero continuó contemplando la presencia del otro hombre, apoyado contra él, mientras dejaba que los gemidos volaran libremente.


Las estrellas son los deseos de placer y expresiones de deseo que se acumulan en el cielo. Las estrellas son los orgasmos alcanzados, los besos de lujuria y los te amo sinceros que los verdaderos amantes acumulan en una sola noche. Las estrellas son guardianas, guardianas de los momentos más íntimos y privados de una persona, vigilantes del amor y la expresión del deseo en la privacidad de una habitación, en el vacío de un enorme bosque, en la melodiosa compañía del océano, en la soledad de una azotea.



Quiso cerrar sus ojos… en lugar de eso, continuó con la vista puesta en la hermosa oscuridad y dejó que el deseo cayera sobre su cuerpo y el amor se escapara a través de sus labios en un eterno y puro beso.

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