Has pensado....

: : : ―Deberías ver los ojos de Axel ―contesté dándole la espalda mientras caminaba hacia la ventana que (no fue ninguna sorpresa) estaba cubierta por tablas.
«Incluso tú llorarías al ver esos ojos.» : : :

lunes, 15 de noviembre de 2010

Sentimientos de Fotografía V

Alieu sintió una constante corriente de aire entrar en su habitación y eventualmente perdió el plácido sueño que estaba teniendo. Se levantó de su cama, buscando con los ojos todavía medio cerrados su ropa interior y algo más cálido que ponerse. Cuando se incorporó de la cama quiso contemplar el cuerpo desnudo de Nicolás, mientras dormía profundamente en la cama a su lado. Quería deleitarse nuevamente con los suaves movimientos del pecho del muchacho, con los tibios pezones que completaban su anatomía de una forma deliciosa.

Quería perderse en el rostro del sueño mientras que con sus dedos escribía palabras de pasión y amor sobre la hoja en blanco que representaba su piel.

¿Era tanto pedir que el chico de sus sueños siguiera todavía a su lado después de haber hecho el amor?

Nicolás no estaba ahí.

―¿Nicolás? ―preguntó Alieu montones de veces después de esa noche pero en ninguna ocasión escuchó una respuesta. Nadie, jamás, atendió a su llamado.

¿Qué había pasado? Alieu decidió hacer un voluntario encarcelamiento en su casa por días y noches, siempre preguntándose qué había pasado, qué había salido mal.

¿Por qué no se quedó? ¿Cuándo se fue? No podía entender nada de lo que había sucedido y mientras más pensaba en ello más dolor sentía justo a la mitad de su pecho.

―El arte es simple y sencilla. Para apreciarla debemos estar todos desnudos ¿cierto?

―Completamente desnudos.

―Entonces obsérvame, con tus ojos de artista, y dime si lo que tienes frente a ti es en verdad arte.

―Lo que tengo frente a mí es arte en su máxima expresión. Es arte que abruma la pluma del escritor que la contempla.

«Lo que tengo frente a mis ojos no es un artilugio o una invención del hombre, es arte y lo que hago con el arte es lo que me convierte en artista.

―¿Qué es lo que haces con el arte? ―preguntó Nicolás mientras se recostaba sobre Alieu abriendo lentamente las piernas del chico que estaba debajo de él.

Nicolás se acomodó y tomó el cuerpo de su amante, con una mano su cintura y con la otra acariciaba la cadena que pendía de su cuello.

Alieu estaba sentado en la sala de estar de su departamento, acariciando la pequeña placa que traía colgando del cuello, de la misma manera en que lo había hecho Nicolás hacía ya algunos días. Cuando, por deseo de la vida, desesperación o algún otro motivo; vio hacia el suelo de la sala y un pedazo de papel color blanco llamó su atención.

“… no puedo ser parte del arte ―rezaba el texto en aquel pedazo de hoja que se encontró perdido debajo de sus pies―, ni de tu arte ni de la de él. El arte es para artistas, y yo no soy uno, tal vez por eso no pueda comprender lo que sucedió entre nosotros y no pueda olvidar lo que pasó después.”

―“¿No pueda olvidar lo que pasó después?” ―repitió Alieu con un tono de extrañeza.

¿A qué se refería? ¿Qué había pasado? ¿Qué sucedió después?

La mente de Alieu se llenó aún más de dudas, muchas más de las que ya tenía. No comprendía a qué se refería Nicolás; “¿Ni de tu arte ni de la de él? ¿Qué sucedió después?”

Ese día Alieu estuvo tratando de descifrar las misteriosas palabras de su lejano amante pero nada tenía sentido. Hasta que, entrada la noche, quizás por curiosidad o intuición o tal vez por la misma desesperación de no saber qué sucedía; entró a la habitación de su hermano.

El decir que le sorprendió todo lo que encontró ahí dentro en este momento, verdaderamente sale sobrando.

En el lugar de trabajo de su hermano, donde generalmente estaba su computadora portátil, estaba solo su cámara digital negra y en el suelo pudo divisar aquella pequeña caja con una etiqueta que mostraba el título de su próxima exhibición: “Mundo de Sueños”.

En ese momento fue cuando la verdadera curiosidad lo llevó a mirar dentro de la caja.

Las fotografías eran claras y no mentían. Los cuerpos desnudos de Alieu y Nicolás aparecían abrazados el uno al otro, durmiendo tranquila y despreocupadamente. El cuerpo de Nicolás, en particular, era uno que fácilmente despertaba unos sentimientos tan bajos e inquietantes. Era un cuerpo que te hacía soñar: su pecho, sus brazos, su rostro y cuello. Todo él era perfección.

El cuerpo de Alieu, por otro lado, tenía la fuerza que representaba cuando estaba despierto. La misma convicción de hacer lo que quería (y con quien quería) a pesar de las oposiciones de las personas. Estaba feliz de haber permitido entrar en él a Nicolás y todo esto se veía reflejado en las esas fotografías.

Sin embargo, mucho más allá de contemplar la belleza de la pareja (una belleza obvia), Alieu dejó que la ira llenara sus ojos y sus sentidos.

Hazlo. Lo quieres hacer, no lo retengas más.

Que fortuna y tino de esa pequeña voz en nuestro interior, de hablar cuando más se le necesita.

Alieu tomó la caja y vació todas las fotografías sobre la cama, tomó una de ellas y la guardó para él mismo, comenzó a romper todas y cada una de las escenas de una inconsciente aventura, sintiendo la invasión y la traición del acto vil que su hermano había realizado.

Gracias al estúpido sueño de alcanzar la gloria a través del arte, su hermano había hecho que perdiera a la única persona que había contemplado como algo más que un simple encuentro de una noche.

Tomó un pedazo de papel, esperando que su hermanote pudiera destrozarla como aquella nota que dejó Nicolás y de la cual nunca tuvo conocimiento alguno, una pluma y con lágrimas en los ojos comenzó a escribir.

“Tienes tu mundo de sueños, pero no me permites vivir los míos. Tu sombra ha llegado hasta mi corazón y es el único lugar que juré, no te permitiría entrar.

Quédate con tu mundo de sueños, destrozados y hechos cenizas, igual que los míos.

Quédate en ese mundo donde todo sea a blanco y negro como las fotografías que tanto amas tomar. No puedo esperar algo más… todo me ha quedado claro.

Y si lo que tengo, te interesa tanto que no soportas verme sonreír, aunque sea en los brazos de una persona, quédate con ese mundo de sueños.”

Alieu llegó al estudio donde sabía que estaba su hermano.

―Me alegra servirte por fin de inspiración ―dijo mientras entraba silenciosamente al estudio.

―¿Qué haces aquí? ―preguntó el hermano

―He venido a decirte que me voy. No deseo volver a verte.

―Otro de tus caprichos infantiles ¿cierto?

―No… más bien es la defensa de mis sentimientos.

«No puedes plasmar los sentimientos en una fotografía sabes. Es imposible. No importa cuántas fotos tomes de una pareja en la intimidad de la cama… ―Alieu aventó la caja negra al piso para que su hermano pudiera verla―, nunca podrás encerrar los sentimientos en una fotografía.

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