Has pensado....

: : : ―Deberías ver los ojos de Axel ―contesté dándole la espalda mientras caminaba hacia la ventana que (no fue ninguna sorpresa) estaba cubierta por tablas.
«Incluso tú llorarías al ver esos ojos.» : : :

lunes, 1 de marzo de 2010

Debajo de mi bóxer

Creí que estaba soñando cuando, aún con mis ojos cerrados, sentí que entrabas a la cama y te cubrías con la cobija. Mi piel estaba al desnudo y en contacto con la brisa de la madrugada que entraba por la ventana. Fue una sensación estupenda, tenerte a mi lado. Fue algo que había estado deseando sentir todo el día.

Durante la mañana, en mi trabajo en la oficina, mi corazón se alegraba cada vez que recibía un mensaje tuyo, mi estómago daba un vuelco cada vez que pensaba en tí. Tuve que tratar con todas mis fuerzas - y muy a pesar mío - de no pensar en qué estarías haciendo. Me entretenía con llamadas telefónicas, correos electrónicos y juntas improvisadas que requerían de mi presencia.

Sin embargo frente a mi computadora, y con tu fotografía en mi teléfono celular es imposible sacarte de mi mente. Cerré la puerta de la oficina y aflojé el nudo de mi corbata. Estaba haciendo demasiado calor ese día y especialmente mi cuerpo estaba ardiendo.

Cuando pude llegar arrastrándome a las tres de la tarde, cuando salí del trabajo, llegué a casa y no estabas, naturalmente habías ido a trabajar. Comí agradecido de tenerte en mi vida y emocionado por la hermosa (aunque un tanto cursi carta que me dejaste en la barra de la cocina), alimenté tal vez por tercera vez a nuestro perro y me dediqué a terminar unos pendientes que siempre me siguen del trabajo.

Aproximadamente para las siete de la tarde, bajé las escaleras para servirme un trago y comenzar a preparar la cena.

Las copas estaban servidas con tu vino favorito y una vela ardía enmedio de la mesa, entre tú y yo. Platicamos hasta entrada la noche y fue cuando definitivamente perdí la batalla contra el sueño.

Subí a nuestra habitación y supe que te habías quedado en la cocina, intenté esperarte - lo juro - pero el sutil canto de Morfeo me envolvió y el tacto de las sábanas con mi piel era sumamente relajante.

De pronto sentí que te acostaste a mi lado y comprendí lo que pretendías hacer...

Debajo de mi bóxer tus dedos acariciaban mi cuerpo y rozaban detenidamente mi piel. La reacción fue inmediata y sumamente placentera. Mi excitación comenzó a crecer y mi boca, a los pocos minutos, comenzó a lanzar palabras pintadas de placer.

Tu mano pasaba por los bellos negros que te vuelven loco y se posicionaban en el objeto de TU deseo. Todo dentro de mi mente comenzó a dar vueltas sin control. Mi respiración se fue agitando mientras con tu boca besabas mi costado y lamías mi pecho.

Por fin, con un solo movimiento hiciste que cambiara de posición y con una sutileza te colocaste sobre mi, dejaste en claro tu presencia y tus intenciones desde el momento en que tus piernas abrieron delicadamente las mías.
La brisa de la madrugada seguía entrando y el cuarto se llenó de un aroma a azar, mis sentidos se vieron alterados y fue cuando comencé a sujetar con fuerza, y con mis puños cerrados, las sábanas y las cobijas de la cama.
El dolor dio paso al placer, y cuando éste alcanzó su máximo grito, caímos los dos exhaustos sobre las almohadas y nos quedamos dormidos. Al siguiente día, todavía podía sentir tus manos acariciando mis piernas debajo de mi bóxer...

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